Por: Ramón Torres y
Dowglas Reyes
De las sociedades del leopardo africanas proviene la Sociedad Abakuá cubana
No cabe duda de que
el antecedente de la cubana Sociedad Abakuá está en África, de lo cual han dado
cuenta numerosos autores. Sin embargo, la interpretación del mito ha generado
profundas discusiones e inducido a múltiples errores relativos al poblamiento y
la transmisión de la historia, así como a las comunidades que intervinieron en
el origen de esta.
La mayoría de los
investigadores le atribuye una génesis carabalí, olvidando que la clasificación
se daba por los puertos de embarque y no precisamente atendiendo a las etnias
correspondientes, pues entre estos entraron a Cuba muchos pueblos que habitaban
el actual lado costero de Camerún, por tanto hay que entender el Calabar no en
la acepción moderna que ocupa solo una provincia de Nigeria, sino que debemos
incorporar también su limítrofe cameruniano.
El sabio cubano
Fernando Ortiz designa como carabalíes a diversos grupos y cabildos entre los
que figuraban los ábalo, acocuá, apapá, suamo, ibo, ingre, isieque, sicuato,
bibí, brícamo, bras, abaya, briche, elugo, efí, hatan y berún. Lydia
Cabrera les atribuye, por su parte, los
dialectos suáma, olúgo, briche, isieke, bibi, otan u
otamo, oru u oro, oroón…, mientras que Enrique Sosa contribuye con una valiosa
información del pasado africano y los pueblos que se establecieron en la zona
del delta del Niger, pero confunde algunos términos, sobre todo en lo relativo
a la ubicación de los ekoi, los efut (efó) y los efík (efí), algo que también
le sucedió a la Cabrera.
Aunque es cierto que
los efut que viven en Nigeria (en el estado de Cross River, Odukpani LGA) se
mezclaron con los qua (kwa), no corresponden a los mismos grupos, lo cual
trataremos de explicar a partir de trabajos más recientes de Stepham Palmié,
Elí Bentor, Ivor Miller, Robert Farris
Thomson, Bassey Nsa Ekpe, Víctor Mafrendi y Nanji Cyprian, entre otros, que
aportan mayor claridad al asunto.
Los primeros residentes
Se sabe que el
término Abakuá se le aplicó a la única agrupación religioso-mutualista de
origen carabalí existente en Cuba. Sin embargo, no consta en los anales del
continente africano sociedad alguna con ese nombre, aunque los antiguos ñáñigos
(que así se les conoce también a los miembros de la entidad) aseguran que se
fundó allá para luego ser reeditada en la Antilla Mayor.
Todo indica que
cuando los efik llegaron al Calabar provenientes de Uruan (territorio Ibibio),
encontraron el lugar ocupado por dos pueblos: los ejagham o ekoi y los balondo. A los originarios
les llamaron qua (kwa o
kua) o abakuá (de abak: primeros y kua residentes; y efut a los segundos.
Los ejagham pretenden
proceder de una antiquísima migración que se remonta a la época de los atal (200 d.n.e.). Su famosa sociedad
del leopardo (Ngbe) fue adoptada
(aunque con nombres diferentes como el de Ekpe, Matamú, Okonko, etc.) por el
territorio ibibio, balondo e igbo, en el sur de Nigeria, y entre otros grupos
del Camerún.
Íreme ekoi aportado por Ortiz en 1926
Según Robert Farris
Thomson, desde 1400 d. C los ejagham “realizaron una
serie secundaria de migraciones, desde el corazón norteño de su tierra de
origen hacia el sur, y llegaron a la boca del Río de la Cruz hace más o menos
cinco siglos”. Estos ejagham colonizadores fueron denominados en aquel
territorio, como se ha dicho, abakpa,
palabra que quedó criollizada en Cuba como abakuá.
Dichos qua venían con su propia
cultura, y si bien se mezclaron con los efut
y los efik nunca dejaron de usar su lengua y elementos tradicionales.
Sin lugar a duda, los ejagham ejercieron un poderoso
influjo en el resto de sociedades de la región surnigeriana-camerunesa y
repercutió más tarde en Cuba. El mito ejagham tiene mucho que ver con la
participación primigenia femenina, cuya tradición recuerda que un día, cuando
las mujeres estaban pescando, descubrieron en el agua el secreto de Ngbe,
tras lo cual crearon una poderosa sociedad mística, hasta que una de ellas, muy
enamorada de su esposo, le reveló el hallazgo. Los hombres se apropiaron del
Misterio, pero temerosos de su cólera, les dieron a Njom-Epa. Desde entonces las
mujeres tienen su propia asociación y culto: el Secreto de Nkem (Ndem para los
efik), la serpiente. De tal suerte, los hombres y las mujeres qua actúan en
sociedades separadas.
Llama
la atención que, pese a su probada antigüedad en la región y el posicionamiento
de sus agrupaciones místicas, hoy la
mayor parte de los ejagham le confiera la primacía a una sociedad surgida en Usahadet, en territorio balondo. Por eso es preciso analizar también la historia de este pueblo.
De balondos y efut
El
umbral de los balondo parece proceder del este africano, pero entre estos y los
efut tienen diferentes puntos de vista sobre sus migraciones. Los últimos
aseguran haber salido del Congo para establecerse primero en Camerún y después,
huyendo de la guerra de los batanga, llegar al Calabar, una zona que ya había
sido colonizada por los qua.
Una
segunda explicación (la de los balondo que no se consideran efut) asevera que
ellos igual provienen de la
zona del Nyanga River, un tributario del Congo River y el año 1107 llegaron a
Akwa Akpa (Calabar), entonces ocupada por ejagham y efik; sin embargo, los
cocodrilos de la región se habían convertido en verdadera amenaza, por lo cual
hacia 1149 un grupo decidió buscar nuevos asentamientos y partió hacia Camerún.
La pequeña porción que se quedó en Calabar (llamados efut-balondo) sería
asimilada con el tiempo por los efik, mientras los otros se mantendrían más
conservadores.
Existe la creencia de que las aguas del banco de arena
Ndongere (que es también el nombre antiguo de la
villa Funge y el calificativo de su sociedad secreta en el departamento de Ndian) formaban una “gran barriga” donde se unía con las
corrientes de Meme, Andokat y Ndian, antes de entrar en el Océano Atlántico.
Lo interesante es que uno de esos ríos, el Ndian, se
llamaba antiguamente Odiani (el Oddan de nuestros abakuá), que desemboca por el
margen derecho en el Rio del Rey, unos kilómetros más abajo del Ndogere. El
espíritu del Ndian es un cocodrilo que reside a su vez en las aguas del
Ndongere.
Por su parte, cuentan los nativos que Ndongeré es el lugar originario
de Butamu, el Gran Poder en forma de Pez que produjo un Sonido místico revelado
a las mujeres, pero que ellas no pudieron controlar. De este modo los hombres
se adueñaron del Misterio y crearon un vigoroso culto, luego de que cortaran el
pez en dos trozos, les dieran la cola a las féminas y quedaran ellos con la
cabeza que provocaba el bramido. Llamaron a la sociedad masculina Matamu y a su
versión femenina Mosembe.
Puede
apreciarse que tanto entre los ejagham como en sus vecinos balondos las féminas
tienen sus sociedades secretas: Njom-Epa, para las primeras; Mosembe, entre las
segundas; lo cual evidencia la participación femenina en el mito fundacional.
Todo ello ejerció una notable influencia en la leyenda cubana de los abakuá.
Para los practicantes
cubanos, Sikan es efó, pero el pez encarna el espíritu de un rey ekoi. El
propio término Tanse parece provenir del ekoi nta nsí: nta es “señor” —tratamiento
que utilizan los Ekoi al referirse al dios del cielo cuando no lo llaman Obasi Osaw: Nta Obasi—, mientras nsí
es pez. Por tanto, Nta nsí pudiera
traducirse como “Señor pez”.
Sin embargo, los
verdaderos responsables de la expansión de ekue por los alrededores del Calabar
no fueron ni ekoi ni efó, sino otros invasores más tardíos: los efí.
Efik/ibibio
El
pueblo efik tiene un origen ibibio y, al igual que las referencias precedentes,
sus migraciones antes de poblar el Calabar son imprecisas y contradictorias. Algunos
dicen que los efik habían abandonado el Sudán y emigraron al distrito del Delta
del Niger donde se asentaron cerca de Burutu y establecieron colonias en diferentes
direcciones. En Esuk Odu se dice que surgió una gran disputa con los antiguos
pobladores, lo cual les atrajo el apelativo de “efik” u “opresores”.
La
segunda exégesis los considera provenientes de algún lugar del Niger, desde
donde se trasladaron tierras de Arochuku, pero pronto entraron en contradicción
religiosa con los aro y tuvieron que emigrar a Uruan. También de allí fueron
expulsados debido a desacuerdos rituales, por lo que enrumbaron al distrito de
Uruan. Tampoco fueron aceptados por aquellos lares y se vieron nuevamente forzados
a emigrar, creando en su recorrido numerosas ciudades estado.
Una
tercera interpretación del grupo Ambo ve a los efik como un pueblo oriental
salido de Palestina (algunos dicen que de Egipto), que vagó a lo largo de Ghana
por Ututu, Ibom y finalmente se estableció en Uruan.
Está
claro que esas peregrinaciones ocuparon muchos años, y que cada movimiento efik
impregnaba al lugar de su cultura, pero también recibía de los lugares donde
hacían mayor o menor estacionamiento. Así, las sociedades de Ekpe o Nyankpe de
los efik tuvieron su génesis entre los efut y los ejagham, pues todos
compartían tradiciones y ritualidades en un espacio común.
Las referencias más
antiguas de Ekpe no nos hablan del mito fundacional que sí encontramos entre
los grupos estudiados anteriormente, sino de la adquisición de la Sociedad a partir
de la compra de los grados Ekpe. Con el tiempo, los efik se convirtieron en el
grupo dominante de la región y, aunque no fueron los únicos, adquirieron cierta
relevancia cuando se estableció la trata negrera hacia América.
El
influjo efí en Abakua se evidencia en el nombre de la primera entidad de Cuba,
Efik Butón, en clara referencia a la logia surnigeriana Obutón.
Junto
a los efik, existe otro importante grupo ibibio: los
oron, que vivieron en Uruan mezclados con estos, de los que al parecer eran
parientes. Algún que otro investigador aventura que de estos oron provienen los
orú cubanos, pero puede que sea diferente.
Los igbos y sus orú
En tierras del
Calabar coexisten también algunas comunidades igbo, quienes pertenecen a un
antiquísimo pueblo que los descubrimientos arqueológicos sitúan desde hace
alrededor de dos mil años, e incluso antes.
La
mayoría de las fuentes asegura que la Sociedad de Okonco llegó a tierras igbo
por medio de los qua y su Sociedad Ngbe, pero readaptada a las características
locales. En realidad hablamos de la misma
institución con las diferencias que siempre conlleva la apropiación o importación
de una cultura ajena.
Entre estos igbo
figura un pueblo singular: los orú, con una identidad y una manera de ser de la
cual se sienten orgullosos. Tales igbo-orú no son ni efík, ni
efó ni ekoi, ni tienen que ver con los oron-ibibios a los cuales se les
atribuye frecuentemente la rama abakuá Orú con sus correspondientes
denominaciones: Orú Apapá, Orú Bibí, Abakuá Orú, etc. Desde luego, en la isla
caribeña se mesclaron tanto dentro de los cabildos que ello contribuyó mucho a
la confusión.
El estudioso africanólogo
Víctor Manfredi defiende la introducción de Ekpe en Cuba no precisamente por
efikparlantes como se ha venido sosteniendo, sino por igbo, a quienes considera
los mejores candidatos para pensar que a través de ellos se divulgó el
Secreto al resto de sus comunidades, que incluye Obane o Bonny, uno de los
principales puntos de embarque para la esclavitud, pues, según afirma, no fue “hasta
finales del decimonónico que los efik tuvieron contacto con el este del estado
del Delta”, y para ese momento ya los igbo de la zona conocían Ekpe, que como
se ha dicho, no lo habían recibido directamente de aquellos, sino a través de
los ejagham.
Sin embargo, los igbo (y
específicamente los orú) resultan poco mencionados entre los grupos que
intervinieron en la formación de abakuá (aunque Orú Apapá figura entre las más
antiguas potencias de La Habana y se habla de un cabildo del mismo nombre antes
de aparecer el ñañiguismo en Cuba) quizás porque la mayoría ha declinado ante
la denominación genérica de carabalí.
Concluyendo
A
los ejagham, los efik les llaman ekoi, y dentro de estos está el grupo que
emigró al Calabar, los qua, responsables del nombre Abakua, porque viven en
Abakpa, cuyo sonido en español es muy parecido. Estos parecen haber sido los
primeros colonizadores de la región y expandieron un culto primigenio, del cual
copió el resto de los pobladores que se iban sumando.
Traje cubano expuesto en el Museo de América de Madrid con claras referencias al leopardo
De
igual manera, a los balondo que emigraron al Calabar los efik le pusieron efut
(que son los efor o efó para nuestros abakuá). Qua (ekoi) y efut han convivido
durante mucho tiempo, incluso, desde antes de llegar el pueblo efik al Calabar,
por lo que es muy probable que los dos pueblos (efut y qua) hubieran mezclado
sus sangres, aunque manteniendo sustanciales diferencias culturales. No obstante,
en Cuba los criollos y puede ser que hasta los mismos africanos debieron
referirse a los efut nigerianos como efor-ekoi para distinguirlos de sus
hermanos de Camerún, a quienes siguieron llamando balondo. Se hizo tan natural
esa denominación que se fusionó y se consideró que era la misma gente: Bríkamo Ápapa Efó Ekoi.
Los
efik, empero, llegaron tardíos a la repartición, por tanto, fueron copiadores
de los ejagham y los efut; sin embargo, perfeccionaron y extendieron Ekpe a lo
largo y ancho de la región, y emergieron como grupo hegemónico que atravesó
incluso el Atlántico.
Se
dice que el cabildo Brikamo fundó a Efik Buton en Cuba, la primera entidad
abakuá de la cual derivan todas las demás tierras efí, efó y orú, lo cual parece
lógico, pues en esa institución (el cabildo generador de abakuá) presuntamente
participaban miembros de distintos grupos étnicos introducidos por la trata
como carabalíes.
En
cambio, si los que trajeron la Sociedad solo conocían rudimentos de Efik quizás
como lengua franca que chapurreaban, entonces no clasifican como efik; tampoco
ekoi o balondo, pues debido a su implicación en el descubrimiento de Ekpe, carecería
de sentido utilizar un idioma que les resultara disfuncional para invocar los
espíritus de Ngbe o Matamu. Por tanto, solo quedan los igbo, que arribaron a
Cuba en cantidades suficientes como para reproducir una entidad que se había
esparcido por toda la región.
Ello
también permitiría explicar la existencia de una rama Orú, que ha sido
frecuentemente confundida con el grupo oron de los ibibio o con la designación
de “esclavo” que se daba en algunas comunidades igbo. El pueblo Orú Igbo es otra
cosa, con un valor semántico tan legítimo e identitario como el Ekoi, Efik y
Efó, con quienes compartieron el sureste nigeriano y parte de Camerún. Pero seguiremos
buscando más evidencias.